
"Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza."
Antonio Machado
Es fácil culpar al insomnio de mi actual estado de ánimo, de mi molesta y constante mala actitud. Desde hace un tiempo he desarollado una serie de conductas de intolerancia ante la alegría de los demás, pero como el objetivo de este lugar no es andar con justificaciones y sutilezas, debo reconocer que mi actitud de amargura viene de mucho tiempo atrás, no sé si se deba la edad, lo cual resulta terrible pues no son tan mayor, edad mediana, es cierto, pero aún no en esa etapa de amargura propia de quienes han mirado en su pasado y no encuentran razones para sentirse agradecidos con la vida. La intolerancia que me gobierna es añeja y desarrollada a partir de retazos del encono e irrespeto que me rodean, he luchado para integrarme, he armado una personalidad ad hoc y aún así me he topado con el rechazo, ahora creo que no vale la pena esforzarse por pertenecer a ningún grupo, porque cada uno de ellos ha creado su coraza para protegerse de los que, desde su punto de vista, se niegan a respetar convenciones y etiquetas.
Entonces ¿tiene esta actitud su origen en el miedo que me producen acciones que no comprendo? ¿en opiniones que no comparto? Es posible, pero mi propia intolerancia me niega la posibilidad de abrir la puerta de la comprensión y me mantiene cautivo del odio soterrado hacia los que nos son como a mí me gustaría que fueran, hacia los que no comparten la misma opinión y, aún más, se atreven a pensar diferente a mí.
Entonces ¿tiene esta actitud su origen en el miedo que me producen acciones que no comprendo? ¿en opiniones que no comparto? Es posible, pero mi propia intolerancia me niega la posibilidad de abrir la puerta de la comprensión y me mantiene cautivo del odio soterrado hacia los que nos son como a mí me gustaría que fueran, hacia los que no comparten la misma opinión y, aún más, se atreven a pensar diferente a mí.


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