miércoles, 14 de abril de 2010

El té


"El té carece de la arrogancia del vino, del individualismo consciente del café y de la inocencia sonriente del cacao."
Anónimo

Además de mi proverbial, afición -algunos le llaman vicio- al café, ahora me he iniciado en el gusto por otra bebida, a la que tampoco le niego cualquier hora: el té.
Té verde, té negro, té blanco, rojo, Darjeeling, Oolong y las deliciosas mezclas Ceylan, jazmín... Caliente o helado.
Beakfast para el desayuno, Prince of Wales a media mañana, Verde para después de comer, Chai a media tarde.
No puedo escoger mi favorito, pruebo uno y me aficiono inmeditamente. Pero también estoy aprendiendo a prepararlo, llevo el agua a temperatura adecuada sin permitir la ebullición para que no pierda oxígeno, la vierto en la taza y dejo reposar el tiempo adecuado para que suelte sus exquisitos aromas y sabores, todo un placer.
En este país no existe una cultura del té, más acostumbrados a la infusiones de hierbas medicinales, el té nos parece una bebida sin fuerza en comparación con el café y el chocolate. Pero en la costa (mi lugar de origen) disfuté del té negro toda mi infancia, helado por supuesto, para sobrellevar las altas temperaturas y evitar la deshidratación, nunca cambiaré un vaso de té helado por un refresco embotellado. Té negro, agua, hielos, limón y apenas endulzado, nada que ver con esos polvos industrializados que nos venden y con los que pretenden facilitarnos la vida, pero que nos llenan de conservadores industriales que sólo provocan daños a la salud; en cambio, estas hierbas maravillosas, benéficas para la salud -repletas de antioxidantes-, representan la juventud de nuestro cuerpo.

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