"El hombre famoso tiene la amargura de llevar el pecho frío y traspasado por linternas sordas que dirigen sobre ellos otros."
Federico García Lorca
A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de relacionarme con personalidades del ámbito de la farándula, la política, el arte y las ideas, en algunos de los casos, personas por las que siento una profunda admiración. En todos los casos mi actitud inicial se asemeja a la de aquellas quinceañeras emocionadas ante la presencia de su ídolo, y del que esperan un autógrafó, una foto o -¡qué emoción!- un beso (qué hay en la fama ajena que me pone loquito).
Para mi fortuna en algunos de los casos la situación ha pasado de la situación laboral a la relación amistosa, que valoro en la medida del aprendizaje obtenido; sí, soy de aquellos que piensan que los amigos nos resultan útiles por el aprendizaje que nos trasmiten, en todo los sentidos; esto, creo nos ayuda a ser mejores personas y a crecer como individuos, ojalá que lo que puedo ofrecerles, a mi vez, les resulte tan enriquecedor, como lo que ellos me han aportado.
Toda esta reflexión no es sobre la amistad, ya le dedicaré tiempo al tema, sino a mi actitud en torno a la fama de los otros y su cercanía, y es que en mi colonia viven algunas personas públicas, de esas que están en los medios de comunicación e influyen en las personas con sus puntos de vista, los llamados líderes de opinión, cuando me los encuentro en el parque haciendo ejercicio o los veo pasar por la calle no puedo dejar de emocionarme, pero nunca cometeré la estupidez de acosarlos hasta obtener una sonrisa solidaria del buen vecino, ni los atosigaré con elogios, pero vaya que me gustaría, ja ja...
Toda esta reflexión no es sobre la amistad, ya le dedicaré tiempo al tema, sino a mi actitud en torno a la fama de los otros y su cercanía, y es que en mi colonia viven algunas personas públicas, de esas que están en los medios de comunicación e influyen en las personas con sus puntos de vista, los llamados líderes de opinión, cuando me los encuentro en el parque haciendo ejercicio o los veo pasar por la calle no puedo dejar de emocionarme, pero nunca cometeré la estupidez de acosarlos hasta obtener una sonrisa solidaria del buen vecino, ni los atosigaré con elogios, pero vaya que me gustaría, ja ja...


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