"Una sociedad capitalista requiere una cultura basada en imágenes. Necesita suministrar muchísimo entretenimiento con el objeto de estimular la compra y anestesiar los dolores asociados a la clase, la raza y el sexo."
Susan Sontag
¿Por qué los seres humanos necesitamos poseer más cosas para sentirnos mejores personas? ¿Por qué buscamos la felicidad en factores externos? ¿Por qué gastamos en dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos? ¿Somos seres qué no tienen ningún sitio adonde ir porque no estamos cómodos en ninguna parte? ¿No estamos cómodos con nosotros mismos? ¿Tiene que ver con las deprimentes espectativas de vida que el futuro nos ofrece? ¿El triste panorama que nos espera? ¿Por qué ya no disfrutamos con los placeres sencillos? ¿En dónde se encuentra la felicidad? Si yo tuviera las respuestas a estas interrogantes sin duda sabría como lograr la felicidad, cierto ¿no?...
Mientras más poseo menos tengo, mientras consumo me consumo. Porque no importa el qué sino el cuanto, el poseer más que mis vecinos. Lo que más me asusta es que ahora también consumimos personas, las usamos y abadonamos sin razón. Y queremos que nuestra vida siga incólume, seguir pasando por la vida con la imagen de persona honorable que vamos construyendo con nuestras posesiones.
¿A qué viene todo esto? Por qué esta noche de desvelo estoy pensando en lo que gastamos los seres humanos. Porque en mi zapping habitual me topé con una entrevista a Paul Ormerod en la que afirmaba que en los EEUU se gastan alrededor de 60.000 millones de dólares al año en productos de belleza. Mientras que en Gran Bretaña, más de mil millones de libras esterlinas (750 millones de euros) se destinan a comida para animales de compañía. Y eso a pesar de que en ambos países se le recuerda sin cesar a la ciudadanía que no hay más dinero para una mejor sanidad pública o una mejor educación pública.
Motivos para el insomnio sobran.
Mientras más poseo menos tengo, mientras consumo me consumo. Porque no importa el qué sino el cuanto, el poseer más que mis vecinos. Lo que más me asusta es que ahora también consumimos personas, las usamos y abadonamos sin razón. Y queremos que nuestra vida siga incólume, seguir pasando por la vida con la imagen de persona honorable que vamos construyendo con nuestras posesiones.
¿A qué viene todo esto? Por qué esta noche de desvelo estoy pensando en lo que gastamos los seres humanos. Porque en mi zapping habitual me topé con una entrevista a Paul Ormerod en la que afirmaba que en los EEUU se gastan alrededor de 60.000 millones de dólares al año en productos de belleza. Mientras que en Gran Bretaña, más de mil millones de libras esterlinas (750 millones de euros) se destinan a comida para animales de compañía. Y eso a pesar de que en ambos países se le recuerda sin cesar a la ciudadanía que no hay más dinero para una mejor sanidad pública o una mejor educación pública.
Motivos para el insomnio sobran.


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