
“La política no es una lucha de ángeles contra demonios, sino que debe partir del fundamento que nuestro adversario político es un ser humano.”
Carlos Castillo Peraza
Buscando algo con que combatir el insomnio enciendo el televisor, cambio canales, infomerciales que anuncian curas milagrosos, soluciones instantáneas para recuperar la apariencia delgada, juvenil y airosa de la juventud, me prometen que, de usar sus productos, seré la viva imagen de lo que nunca fui. Hastiado, continúo el zapping hasta dar con canales de noticias las 24 horas, México, España, Venezuela, Colombia, EEUU, Alemania, hasta China y Corea tienen un espacio en mi televisor, el cual yo ignoraba. Me quedó viendo algo de política local: intolerancia, acuerdos bajo la mesa, discursos frenéticos que encienden a un auditorio incondicional, pero yo permanezco impávido, mirando a los políticos gesticular (he bajado el sonido para no despertar a quien duerme a mi lado). Gorilas en plena exposición de superioridad, ganada en la alteración del voto sumiso. Cambio de canal, el mono bolivariano actúa de la misma forma ante su propio público, por un momento se crea la ilusión de que el anterior y éste son el mismo, de que estoy entrando en el sueño elusivo y no he apretado el botón que recorre los canales. Lo intento de nuevo y ahora el simio tiene razgos orientales, ahora europeo y más tarde sajón. El idioma cambia pero no lo percibo, los discursos son los mismos. ¿Existirá una agencia internacional cuya función sea distribuir discursos conformados por guturalidades y apasionados ataques? El sueño no llega y el amanecer se acerca, debo tomar las pastillas que me permiten aparentar ante todos que he dormido bien. Serán estas pastillas lo único que me mantienen alejado de la incondicionalidad fervorosa con la cual se alimentan los políticos. Aún así no tengo escape, en este mundo, y en los otros que se suceden en la pantalla, la imagen es la misma. No hay a donde huir.


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