
"Nadie aprende, nadie aspira, nadie enseña a soportar la soledad."
Friedrich Nietzsche
La habitación se encuentrá en silencio, Quien-duerme-a-mi-lado ha desaparecido y yo estoy enloqueciendo... Esta es la imagen que se presentó en medio de la noche, no como un sueño, como sabes he dejado de dormir desde hace muchas noches, pero ahora estas imágenes se me presentan como visiones -¿son los sueños que luchan por encontrar su lugar en mí?-. No puedo imaginarme volver a estar solo. Durante mucho tiempo fue así y aún cuando añoro esos tiempos en los que me movía a mis anchas sin testigos de mis actos, reconozco que no quisiera vivirlos de nuevo. La presencia de Quien-duerme-a-mi-lado me salvó de la depresión y de días marrones. Su risa, su olor, los restos de su calor en la almohada y el sonido de sus pasos confortan mi alma y le dan sentido a mi vida. La soledad es bonita cuando sabes para qué la quieres, si la buscas, en otras circunstancias es la prisión más desoladora que podemos tener. No deseo la soledad de nuevo, aunque siempre la recuerde. No deseo la soledad de nuevo, aunque su presencia sea inminente a la vuelta de cada esquina -es así en todas la relaciones humanas-.
Lo peor no es estar solo, eso tiene remedio, sino sentirse solo aún rodeado de gente amada, es ahí donde todo pierde sentido y la existencia se hace nada.
Lo peor no es estar solo, eso tiene remedio, sino sentirse solo aún rodeado de gente amada, es ahí donde todo pierde sentido y la existencia se hace nada.


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