viernes, 23 de abril de 2010

El patrioterismo


"Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad."
Arthur Schopenhauer
Hace unos días recibí la llamada de mi suegra, la intención era invitarme a una muestra fotográfica, que con motivo de la fiestas patrias, se estaba exhibiendo en el centro geográfico del país. No dudé en aceptar porque se trata de una mujer divertida, con la que llevo una buena relación, y que, ante la lejanía de mi familia, se ha portado como una madre, cosa que mi verdadera madre no me perdona.
La exposición -costosa porque se montó en un museo itinerante creado exclusivamente para la muestra- no me parece de gran calidad, es cierto que cuenta con fotos bonitas, coloridas, pero que muestran una mirada demasiado turística de esta país, lugares comúnes de rostros, mercados, religiosidad, etc. A fin de cuentas el autor se ha dedicado a realizar la promoción turística oficial, de ahí el gran impulso gubernamental a la exposición. Al final del recorrido se pasa a una sala de proyecciones en donde se proyecta un video con las imágenes en movimiento, música grandilocuente y un exceso de cámaras lentas -otro lugar común, y no hay demasiada diferencia con lo que está haciendo una televisora con su campaña de festejos bicentenarios, por cierto, copia de la obra de Gregory Colbert-.
Muchos aplausos de los concurrentes, incluyendo los visitantes extranjeros. No pude evitar unirme a la emoción general en la segunda parte del video, cuando los personajes retratados muestran la bandera nacional, la despliegan, la portan en el pecho, la acarician, la ondean, la saludan; y la música, siempre grandilocuente, con exceso de tambores y trompetas para hacer vibrar el lugar, afecta de forma física nuestro cuerpo, hace que el corazón se acelere y nos broten las lágrimas. Aplausos renovados y un ¡Viva México! aislado, pero sincero, emocionado; el mismo grito que usamos para los festejos pátrios, deprotivos y demás.
Eso pasa cuando nos manipulan, somos fáciles para la emoción patriótica, pero de poco compromiso, esa misma emoción, convertida en patrioterismo, que ha sido manipulada hasta el cansancio por quienes detentan el poder -o luchan por conseguirlo-, que nos llevan al enfrentamiento y la intolerancia por el bien de la patria.
Los actuales festejos nos deben llevar a la reflexión del país que queremos, y recordar las luchas sangrientas que forjaron esta patria, para no repetirlas, para entenderlas, valorarlas y para seguir luchando por los ideales que las sustentaron.

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