sábado, 17 de abril de 2010

La cocina


"Cuando tengas que amar, hazlo sin seguir instrucciones, haz lo que sientas, igual que para cocinar."
Anónimo
Ahora que estoy solo en casa -Quien-duerme-a-mi-lado se encuentra trabajando fuera de la ciudad- la hora de cocinar se ha vuelto un suplicio. No le encuentro el gusto a preparar un platillo para uno. Pensar en las comida diarias se convierte un problema. No hay placer en comer en solitario. Voy al mercado y compro algunas verduras, algo de carne y frutas, las mezclo sin orden ni concierto y las ingiero, simplemente como, sin disfrute. ¿Por qué cuando nos sentimos deprimidos, tristes, comemos muy mal?
Peor que comer en casa sin compañía alguna, es salir a la calle y comer en una mesa para uno, mientras los comensales de las mesas vecinas rebosan de conversaciones casuales. A nadie le deseo algo como esto. Los fines de semana, cuando mi complice llega a casa todo es diferente, explotan los sabores, la apariencia se viste de colores frescos, brillantes y apetitosos, ¿qué mejor bienvenida se le puede dar a quien se ama?

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