viernes, 30 de abril de 2010

La dictadura


"Cuando estás en la calle es cuando te das cuenta de que todo tiene dueño y de que hay cerrojos en todo. Así es como funciona la democracia: coges lo que puedes, intentas conservarlo y añadir algo si es posible. Así es también como funciona la dictadura sólo que una esclaviza y la otra destruye a sus desheredados."
Charles Bukowski
Saliéndome del tenor habitual de este espacio, tomo el reto que me hiciera @laquesefue, bloguera de las redes sociales -social media les nombran los que saben-, para expresar mi punto de vista sobre la -a mi parecer- supuesta democracia de estos foros de expresión virtual (virtuales los espacios, no la expresión aunque en ocasiones lo parezca). Le aseguraba que estos espacios viven en la anarquía, más tarde, al escribir esta nota comprendo que en realidad se vive una dictadura, blanda, oculta, perfecta como diría Vargas Llosa a razón del sistema mexicano.
Si tomamos a la democracia como el sistema que apunta a la intervención del pueblo en el gobierno, veremos que nosotros, simples mortales, no intervenimos en las decisiones de estas redes, opinamos, es cierto ¿pero somos tomados en cuenta? cuántas veces hemos escuchado las historias de quienes, al cuestionar se topan contra una muralla virtual que no responde a sus reclamos. Historias de quienes, cansados, crean nuevos espacios en donde más tarde actuarán con la misma insensibilidad de quienes no les escucharon y terminan mirando a los demás por sobre el hombro, como dictadorcillos bananeros.
Por su parte la anarquía -que tratándose de este tema, en ocasiones es deliciosa y divertida- propone la ausencia total de gobierno, en donde todos pueden generar un barullo, llamar al desorden o crear confusión por la ausencia de una autoridad, esta es la situación -aparente- que se vive de las redes sociales, todos sintiéndose libres de decir y hacer lo que se desea. voces por aquí, opiniones por allá, la más de las veces jugando al teléfono descompuesto, llevando y trayendo rumores, sin mucho que aportar. Pero cada vez estoy más seguro que esta olla anárquica de grillos -en donde gana el que chirría más alto- tiene dueños, tangibles, no ilusorios.
Esta olla la provee un dictador que se divierte con el espectáculo, en donde los participantes creen vivir en libertad, acotada por reglas que impone el dueño del espacio. Cuántos han sido acallados por levantar la voz inconformes de las decisiones que les toca vivir, pero lo verdaderamente lamentables resulta cuando este dictador se escuda tras sus incondionales, aprovechando las mareas críticas (poco razonadoras y facilmente manipulables) que se estrellan contra el quejoso, con la intención de silenciarlo, quizá por temor a perder el espacio virtualmente conquistado. Cuántas historias de destierro tras la marca del spam. Cuántas más de vigilancia a través de las bases de datos, gusanos virulentos en busca de saboterar nuestros equipos, gestapo reeditada. Y cuántas de intolerancia y demostración del brazo poderoso. Los símiles pueden continuar interminablemente.
Pero sea anarquía o dictadura -nunca democracia-, aprovechemos a vivir como descerebrados felices por tener la oportunidad de decir y hacer lo que queramos -o nos permiten-, en espera de un nuevo reino por conquistar, encandilados por espejitos de novedad que, ante nuestras miradas ávidas, sacuden la nueva camada de dictadores en busca de su laberinto.

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