jueves, 1 de abril de 2010

La tarea


-Abuela, ¡qué piernas tan grandes tiene!
-Es para correr mejor, hija mía.
-Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene!
-Es para oírte mejor, hija mía.
-Abuela, ¡qué ojos tan grandes tiene!

-Es para verte mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene!

-¡Para comerte mejor!

Charles Perrault
Como parte del taller de literatura realicé una investigación sobre La Caperucita Roja, el cuento que elegí para esta encomienda, que consistía en desmenuzar los elementos para generar una historia nueva a partir de ellos:

Cuando la coordinadora del taller me hizo llegar esta tarea, la elección del cuento me resultó obvia, al menos para mí. Caperucita Roja es un cuento al que me he vinculado emocional y creativamente en los últimos años. Por el contrario, decidir entre los centenares de versiones existentes de esta historia se volvió una tarea ardua, cada una de las variantes ofrece elementos diferenciadores que las hacen atractivas. Quienes me conocen saben que soy más amante de la recopilación que de la escritura, por lo que afronté la tarea con una suerte de entusiasmo desenfadado y ahí comenzaron los problemas.
Cada país cuenta con una versión propia de este cuento, por ejemplo, en la India se conoce una en donde el lugar del lobo es ocupado por un tigre. En China existe una leyenda llamada Lon Po Po, en donde el lobo llega a casa de tres niños que se encuentran solos porque la madre ha salido a realizar diligencias -esta historia también parecer servir de base para otro cuento clásico, el de Los tres cerditos-. Las versiones europeas más primitivas no temen incluir la sexualidad, el canibalismo y la escatología, como una forma natural de mirar un mundo rural, vinculado con las funciones elementales de la vida, estas historias orales, contadas seguramente alrededor del fuego, de las que rescato La historia de la abuela, versión francesa recogida alrededor de 1885, su intención era asustar a los niños para que no se adentraran al bosque, pero les daba la opción de salir indemnes del trance utilizando su astucia como método de supervivencia, aquí, la protagonista debe escoger entre el camino de los alfileres y el de las agujas –el camino fácil o el de trabajo arduo-, pero su principal característica se encuentra en la aparición de un bzou (una suerte de demonio u hombre lobo), en lugar del animal de las otras versiones.
Por su parte Charles Perrault, autor de Le petit Chaperon Rouge ofrece dos versiones de esta historia, la mas conocida data de 1697. El cuento de Perrault no es considerado una historia de hadas, sino una historia moral, ya que su función consistía en ejemplificar los peligros a los que es sometida la pureza de las adolescentes, esto queda evidente en la moraleja final que clarifica el objetivo del cuento y elimina la posibilidad de que el niño aprehenda, conciente o inconcientemente, la enseñanza del mismo. La moraleja es eliminada en muchas ediciones por motivos desconocidos. El autor francés no teme en presentar la desnudez del lobo en la cama y hace que al final la protagonista desaparezca en las fauces del lobo, también es el primero en señalar que la abuela se encuentra enferma en casa.
Los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm también cuentan con dos versiones, una de ellas, la de 1857 es la más conocida y de la que parten muchas otras, en ella se asientan los elementos fundamentales de la historia, mientras que en la versión de Perrault el lobo se acuesta desnudo en la cama de la abuela, en la de los alemanes el animal se trasviste con las ropas de la abuela para engañar a la pequeña. La canasta, motivo de la aventura, incorpora una botella de vino y un pastel, a diferencia de las otras versiones que sólo incluyen pan y mantequilla. En esta versión destaca el final feliz que los Grimm le ofrecen a través de una suerte de renacimiento, al ser rescatada, junto con su abuela, de la panza de la bestia y es Caperucita quien decide llenarle el estómago de piedras, lo que constituirá su fin. Por otros motivos desconocidos, los editores actuales no suelen presentar el segundo final que apuntan los Hermanos alemanes, en donde la protagonista se encuentra con otro lobo y, contrario a la primera ocasión, demostrando el aprendizaje de la experiencia vivida no cae en sus engaños, al final, junto con la abuela dan un escarmiento a este segundo lobo.
Estas dos versiones, la de Perrault y la de los Grimm, en ocasiones se confunden entre sí y existen ediciones donde el final de feliz de los alemanes se implanta en el cuento del francés.
Pero no sólo estos autores han abordado las aventuras de esta niña, en cada época diversos autores han presentado la suya, tal es el caso de Elena Fortún, autora española, que en 1941 publica un bello romance llamado Caperucita encarnada, a su vez Gabriela Mistral da su versión en un poema de 1924. Carmen Martín Gaite actualiza el cuento en Caperucita en Manhanttan de 1990. Pepa Mayo escribe en 2002 una versión que me resulta entrañable La verdadera historia de Caperucita Roja, ubicada en la Barcelona actual y cuya protagonista, Mari, es una repartidora de pizzas que se enamora de un motociclista de penetrantes ojos verdes y que “sangraba de lo guapo que era”, el lobo en su representación humana. El gran autor inglés Roald Dahl incluye en su libro Cuentos en verso para niños perversos una versión muy divertida e irreverente. Angela Carter presenta una versión hipnótica y perversa en su libro En compañía de lobos. Por su parte James Finn Garner en 1994 reelabora los cuentos clásicos en su libro Cuentos políticamente correctos, presentando una versión descafeinada y sin gracia, para muestra un ejemplo: “Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, atención, sino porque ello representa un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad” y así continúa el desvarío. Otras versiones nos cuentan la historia desde el punto de vista del lobo, quien se siente víctima de la provocación de la protagonista, como en el caso de Boca de Lobo de Fabián Negrín.
Así, esta pequeña niña que a lo largo del tiempo pasó, de un pequeño chapeau rojo, a una capa escarlata, que ha viajado de país en país y de autor en autor nos sigue atrapando en su carga simbólica y su mirada inocente.

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