miércoles, 12 de mayo de 2010

El juego


"Alégrate de la vida porque ella te da la oportunidad de amar, de trabajar, de jugar y de mirar a las estrellas."
Henry Van Dyke
He escrito sobre lo rutinaria que puede ser la vida y los pocos estímulos que, en ocasiones, ofrece para escribir, esta anotación trata de rebatir lo anterior. Hasta en la vida más aburrida existen momentos de gozo, de dicha, simplemente se trata de descubrirlo. Hace un rato La Lola y yo salimos a caminar al parque, como todas las tardes; luego de comer, como todas las tardes; pero no fue una tarde como todas.
Luego de días de intenso calor, el clima se ha visto benévolo en el ocaso, hacía viento -viento de agua dirían en mi tierra-, viento cargado de humedad, amenazando con traer nubes atiborradas de lluvia.
Supongo que los habituales del parque evitaron una situación incómoda, por lo que pronto nos descubrimos solos, sin amigos ni conocidos con quien jugar -La Lola- ni quien platicar -yo-, así que me encontré jugando el juego que más disfrutan los perros; algo tan simple como una vara, tirarla lo más lejos posible y mi perro corre en busca de ella, la trae de regreso con una sonrisa y la deposita a mis pies para repetir todo el proceso. Sin avisar, se desató la lluvia, no hubo oportunidad de resguardarnos. En un momento estabamos empapados y enlodados, pero pasándola tan bien que tomé la decisión de permanecer ahí, bajo la lluvia y no interrumpir la diversión. Continuamos jugando y por un momento descubrí la felicidad. Lo único que nos faltó fue la compañía de Quien-duerme-a-mi-lado.

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