martes, 11 de mayo de 2010

La escritura


"El acto de la escritura estimula el pensamiento; cuando no se le ocurra nada que escribir, comience a hacerlo de todos modos."
Barbara Fine Clouse
Cuando comencé esta bitácora no me imaginé que hubiera días difíciles para la escritura. Días en que las actividades cotidianas no me ofrecieran el pretexto para hilar palabras en este espacio. Una vida aburrida -¡qué horror!-, rutinaria. Eso no está a discusión, veré que se puede hacer y lo haré, aunque hasta las vidas más interesantes tiene vacíos... pero que no parezca que trato de justificar la mía.
Lo que en este momento me interesa es escribir, no dejar de escribir y, ahora que me encuentro inmerso en la investigación para mi taller de escritura autobiográfica, he descubierto que muchos autores señalan la importancia de no dejar de escribir: escritura automática, escritura personal, freehand. Cualquiera que sea el nombre que se le asigne, la técnica es la misma: escribir, escribir, escribir, sin pensar en el contenido; así como la mente lanza pensamientos a diestra y siniestra, así debe realizarse este proceso. Colocar una palabra tras otra, frases sobre cualquier cosa, como un sueño sonámbulo. Se trata de una buena forma de perderle el miedo a la hoja en blanco, de derribar ese bloqueo que, ocasionalmente, se cierne sobre los escritores. No debemos pensar que cada escrito será una novela, cuento o artículo terminado, al contrario, el resultado simplemente será una guía de la que se desprenderán nuevas ideas a reelaborar.
Y veo que sí funciona, esta entrada la escribí bajo esa dinámica, hace un rato, cuando comencé a escribir no sabía sobre qué, y de ahí surgió todo un tema que seguramente trataré de nuevo más adelante.

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