viernes, 19 de febrero de 2010

El escaparate


"Mi envidia te da fama pero tu fama me da risa."
Anónimo


En medio de la vigilia busco distraerme con cualquier cosa que no me permita pensar en mis miedos, me detengo en el Twitter, ese escaparate de la modernidad, la web 2.0. Los noctábulos que ahí habitan, circulan de forma frenética, tras el santo grial de la virtualidad: la notoriedad, aunque sea efímera, aunque sea un gramo. Reconocimiento proporcionado por el círculo cerrado de sus seguidores, de sus pares. Escriben frases graciosas, provocadoras, intrigantes; me cuentan su vida sin ningún tapujo. me desestiman por los escasos seguidores que aparecen en mi timeline, no soy popular, mis palabras no repercuten, no soy nadie, por lo que me abandonan en busca de personalidades de la red, aquellos que los harán parecer interesantes, de los cuales podrán presumir: conozco a fulanito de tal. No lo entiendo.
Hace algunas noches seguí una de estas charlas entre dos desconocidos (al menos eso me parecieron), uno de ellos se quejaba del acoso recibido por algunas personas a partir de un comentario suyo, ataques usando asuntos personales dolorosos, al revisar su perfil veo una fotografía suya semi desnudo, en la liga que anexa hay un diario en donde cuenta cosas que yo no contaría a mis amigos más cercanos, entonces ¿a que venía la queja?, si te colocas en el escaparate te expones a la mirada de todos, si vulneras tu intimidad abres la puerta a los oportunistas. Lo insólito de la situación era que, quien se quejaba, no era consciente de que este permiso implicito a violar su intimidad era propiciado por el mismo. No apruebo el acoso, ni virtual ni real, pero me asusta todo esto, la incapacidad de comprender y me da miedo estar aquí, mirando a los demás, me produce fascinación y pena. Mientras tanto caigo en la trampa pensando sobre ¿qué dirán ellos, a su vez, de mí?

0 comentarios: