viernes, 12 de marzo de 2010

El perro


"Si creyera en la inmortalidad, creería que ciertos perros que conozco irán al cielo, y muy, muy pocas personas."
James Thurber
Cuando Lola llegó a mi vida me tomó por sorpresa, nunca antes consideré tener una mascota, no me sentía listo para asumir esa carga. Sus caritas tiernas y sus travesuras inocentes no me conmovieron como a todos los de mi entorno, que aplaudían emocionados cada uno de sus movimientos. Meses después me sentí sofocado cuando mi vida comenzó a girar en torno al perro. Mis tiempos se adaptaban a los suyos, mis horarios se reducian porque ella exigía el cumplimiento de los suyos. Semanas más tarde entendí la responsabilidad que significa su presencia. Lola se enfermó y estuvo vomitando toda la noche. La angustia y la incapacidad de ayudarla son sentimientos que me sobrepasaron, fue entonces cuando supe cual es su lugar en mi vida. Pero lo más importante es que entendí que mi relación de pareja pasaba a otro nivel, día a día se fue convirtiendo en nuestra hija, pero no me malinterpretes, yo no pierdo la objetividad, es tan sólo un animal, no intento humanizarla, pero ya es parte de mi familia y a ella se le piden opiniones cuando se hacen cambios u organizan actividades. Cuando, por trabajo, hemos salido de la ciudad, ella ha debido quedarse en casa de familiares o pensiones, y siempre estamos pensando en "cómo estará".
Pero Lola también me ha dado cosas, como mi cambio de humor, para bien, pues me obligó a salir de mi ensimismamiento y me llevó a pensar en las necesidades de ella, de los otros. Me ha hecho mejor persona, más atenta, más considerada. Esta perra, Lola, es el animal más inteligente que he conocido, se comunica sin voz y hace más amable mis días, es un ser comprensivo y humanizante. Al final pude entender y estar de acuerdo con una frase oida al pasar : "La mirada de tu perro, es el espejo donde puedes comprobar, la grandeza de tu alma", sólo espero estar a la altura de la mirada de Lola.

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