martes, 9 de marzo de 2010

La llave


"La llave que se usa constantemente reluce como plata: no usándola se llena de herrumbe. Lo mismo pasa con el entendimiento."
Benjamin Franklin

Esta mañana perdí mis llaves, no lo supe hasta que debí pagar el transporte, luego de descubrir la pérdida, inmediatamente se desató la paranoia: ¿y si las sacaron de mi bolsillo? ¿si se cayeron al subir al taxi? ¿o fue en el taxi? ¿puede tratarse de alguien que conozca mi casa? ¿y si entran a robar?, la situación no mejoró a lo largo del día y comprendí lo expuestos que estamos los seres humanos. Los que vivimos en las grandes ciudades hemos perdido el sentido de comunidad, esa que se respiraba en el pueblo de mis abuelos, quienes dormían con las puertas de la calle abiertas para dejar pasar la brisa nocturna; mis abuelos, quienes desde el vestíbulo, saludaban a sus vecinos al pasar. Pero yo no puedo vivir así, he dedicado demasiado tiempo a construir una fortaleza que sólo cuenta con una pequeña llave que impide sea violada. Y así me sentí durante todo el día, invadido, violado. Lo peor sucedió a mi regreso.
Subí corriendo hasta mi departamento, ahí en la puerta, pegado con una cinta, un sobre guardaba mis llaves y una nota: vecino, al pasar por su puerta me percaté de que dejó sus llaves pegadas a la chapa, se las dejo aquí esperando que las encuentre con bien pues no estaré en casa durante el día. Así de sucinto, sin más explicación y sin nombre ni número de departamento que identifique al remitente, la paranoia se acrecentó y el cerrajero no puede llegar sino hasta mañana. ¿Quién encontró mis llaves? ¿entró a la casa?, en aparencia nada falta, pero la sensación de inseguridad se acrecienta. Lo bueno del insomnio es que podré vigilar la puerta durante la noche.

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