jueves, 6 de mayo de 2010

La corrección


"La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza."
Gilbert Keith Chesterton
Esta semana el consorcio vaticano, en voz de su jefe máximo ha reconocido que dentro de la Iglesia católica existen personas que no merecen mejor calificativo que despreciables. El padre Marcial Maciel -quien hasta hace unos años era utilizado como el gran ejemplo de compromiso, religiosidad y éxito en la conjunción de poder econónimo y fe- ha sido repudiado y tachado de delincuente, el perfecto cinismo personificado.
Doble vida que ha quedado al descubierto, mientras alardeaba de su familiaridad con el anterior pontífice, defendido y protegido por el polaco, se dedicaba a romper con los votos que juró cumplir, hijos con varias mujeres, abusos sexuales de menores, que en medio de delirios de fe, se veían forzados a prestar favores sexuales al fundador de una de las órdenes más poderosas de la Iglesia -motivo por el que se le consideraba intocable-.
Un simple: usted disculpe para las víctimas -entre las que se encuentran sus propios hijos-, y un compromiso de vigilancia a la orden religiosa. Ya hay varios por ahí que levantan la mano, hipócritamente, en busca de hacerse con el dinero y el poder que conlleva estar al frente del Opus Dei, el ejército de Dios. Viendo a los candidatos, lo único que se puede pensar es que las corruptelas continuarán, se solaparán los abusos y se acallará el escándalo, o al menos eso esperan lograr.
Mientras tanto las buenas conciencias, los creyentes hablan de ataques a la religón, una campaña orquestada para hacer caer a la Iglesia, ¿inocencia o estupidez? Inmoralidad, digo yo, de quienes cierran los ojos, pretendiendo borrar el dolor, acusando a las víctimas de hablar. ¡Lo que hay que ver! Interesantes tiempos nos toca vivir. ¿En qué momento las autoridades judiciales tomarán cartas en el asunto?o ¿será que la Iglesia vive en un estado de excepción?

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